lunes, 27 de agosto de 2007

Diario de Australia (VII)


Y punto y final. Hace ya una semana que cogimos el avión de vuelta a casa. Con la tranquilidad que da la rutina del hogar, y, volver a degustar jamoncito ibérico, echar la vista atrás es una sensación formidable. En cierto modo, me ha dado mucha pena volver. Uno es consciente de dónde está su sitio, pero eso no quita que se sueñe.
Una vez dejamos el rancho de Mark, después de haberlo recorrido en lancha por el río Murray, y en moto junto a Hugh persiguiendo wombats, kangaroos, ovejas y sleepy lizards, pasamos unos días en casa de Todd, en Nuriootpa, Barossa Valley. Para los que les guste el vino, Barossa Valley es la casa del buen vino australiano. Hacer catas de vino es lo que uno ha de hacer un sábado por la mañana, mediodía y tarde. Comprarse un footy, un capricho. Otro. Disfrutar de la compañía, Sam, Soph, Tony y Alice, un placer. Los bares de Tanunda, otro tipo de catas.
Adelaide es una ciudad muy bonita, limpia y fácil de visitar. Reencontrarnos con Kirsty, toda una sorpresa. Y de ahí, a Alice Springs. En el centro del desierto, a medio camino entre Adelaide y Darwin, se encuentra una de las poblaciones más populares de Australia. Allí emprendimos un tour que nos llevó a visitar los sitios sagrados de los aborígenes de la zona, los Anangu. El Uluru y el Kata Tjuta. Andar por esas formaciones rocosas a 20ºC y soleado, te permite disfrutar de los cambios de color debidos a la posición del sol. Acampar bajo 0ºC, rodeados de dingos, otra locura australiana. Rematar el safari con una espectacular visita al Kings Canyon, asombroso. La compañía, Anish, la ampostina Babet, Brian y Sonja, los hermanos belgas (dios, qué personajes!) Nicole, Sinead y demás, el matrimonio alemán, los japos y por supuesto, Boom y Sean. Siempre que vas en un tour de estos, vas predispuesto a pasártelo bien y conocer gente. Siempre haces mejores migas con unos que con otros. Anish, Brian y Sonja nos ayudaron con las migas en este viaje.
De vuelta a Sydney, la sorpresa nos espera en el hotel. La bolsa que les habíamos dejado por exceso de equipaje, ha volado. La verdad, si visitáis Sydney, evitar el Leisure Inn Suites de Roslyn St. Cenamos con Sergi en la famosa Trattoria de Aldo's y disfrutamos de su compañía una vez más. El último día en Sydney ayudó a evitar la sequía que sufre el país, pues llovió lo que no está escrito. Volvimos a cenar a la Trattoria, somos de ideas fijas. Y allí, a través de la gran ventana escaparate, vimos pasar a Anish. Surrealista. Nos habíamos despedido un par de días antes, pensando que fue bonito y que la vida decidiría si nos volveríamos a ver. Y la vida es impaciente, imprevisible y a veces, agradable. La incredulidad se apodera de nuestras caras, la buena pasta de nuestros estómagos y el nuevo adiós, otro pulso al destino.
El vuelo a casa, largo. Hacer parada técnica en Singapore, bochornoso. Los que allí subían, morenísimos de la muerte, con ropa de verano y recién cenados. Los que ya llevabamos 10h de vuelo, veníamos del invierno y nos acababan de despertar a nuestras 2 de la madrugada, destrozados. Comprobar en Barcelona que nos había extraviado otra maleta, es, sin más, la redondez del triángulo. Un sinsentido. Otra anécdota, una vez la hemos recuperado. Un final desmerecedor para un viaje inolvidable. Uno nunca olvida un sueño hecho realidad. Ni su luna de miel. Ni la vivencias que te cambian. Australia, al sur, sigue la Southern Cross. La vida volverá a decidir.

1 comentario:

debolichesycopas dijo...

Hola, vi tu blog por casualidad, está muy interesante. Tengo un blog donde me gustaría publicar bares o pubs del mundo. Te invito a que me envíes una anegadota o recomendación de tu bar favorito con una foto para subirlo.


salud2
Tiranizan