sábado, 14 de junio de 2008

Bruce Springsteen Spain Tour July 2008

A un mes de iniciar la gira que Bruce realizará por estas tierras, a veces malas tierras, a veces prometidas, siempre de sueños y esperanza, la fantasía y los sueños empiezan a florecer. Es difícil explicar qué siente uno ante aquello que le permite evadirse. Ahora, toca preparar esos días de evasión terrenal. Donosti, Madrid, Barcelona son las ciudades a visitar. Repasando los set lists de la gira americana y europea en la que desde el año pasado Bruce y la E Street Band están embarcados, las posibilidades de disfrutar con una variedad increíble de antiguas joyas del Boss hace que la cuenta atrás se haga interminable. Últimamente, he vuelto a recuperar It's Hard to be a Saint in the City para mi top 5. El por qué se puede apreciar en el vídeo adjunto. En 1975, Bruce visita Londres por primera vez. En 1981 le llega el turno a Barcelona. A mí te tocó en el 1999. Son muchos años down the road para Bruce y la E Street Band, pero siempre queda la sensación de que nunca serán suficientes. "I was the king of the alley, mama, I could talk some trash. I was the prince of the paupers crowned downtown at the beggar's bash. I was the pimp's main prophet I kept everything cool. Just a backstreet gambler with the luck to lose ... "

jueves, 5 de junio de 2008

XII Reus-Prades-Reus


Por segundo año, consecutivo, me acerco a la caminata que organiza la Associació Excursionista Catalunya de Reus. Debo reconocer que quedé prendado el año pasado, y cómo tal, este año no podía faltar. Son 364 días esperando el cohete que da inicio a la caminata. 6.30h de la mañana del domingo 1 de junio de 2008. Y por fin, los nervios son desbocados. Esta vez no salimos de los últimos, aunque de poco sirve pues nada más girar la primera esquina, me encuentro con Suso a quién no dejo hasta mitad carretera de Castellvell. Para entonces, mi padre y Francisco me sacan un buen trecho, y no los alcanzo hasta la subida al Picarany. Esas primeras rampas hacen selección. Llegamos al primer control en el Coll de la Batalla con buen tiempo y buenas sensaciones. Empieza la subida a la Mussara. La lluvia caída las últimas semanas y en especial el día anterior, pasan factura. El suelo resbaladizo y embarrado dificulta el camino. Me destaco de mis compañeros de ruta hasta sacarles 5min en la Font del Roure, punto de avituallamiento dónde les espero para reanudar el camino juntos. Ir detrás de gente es demoledor. Siento la necesidad de dejar que mis ganas de comerme la montaña desborden la idea de reservar para la vuelta. Otra vez en el camino y mi padre se va quedando. Es muy duro y casi en la Mussara decidimos esperarle. Su empeño en seguirnos juega en su contra. Juntos hacemos el resto del camino, viendo como un goteo incesante de gente nos adelanta. En el último control antes de llegar a Prades, mi egoísmo me puede y me escapo. Ir adelantando a muchos de los que nos habían rebasado anteriormente me anima. En Prades les saco unos 10min. Ellos dos, cansados, han cumplido su objetivo. En el control de Prades se avituallan y se despiden, quién sabe si hasta el año que viene. Descanso casi media hora, demasiado. Al arrancar me noto frío y dolorido. Y no es hasta que salgo de Prades por la carretera de La Febró en busca del PR-C que me lleve al próximo control que no caigo en la cuenta que no conozco el camino de vuelta, no llevo el mapa que la excelente organización de la prueba aporta y calculo que puedo llegar a pasarme unos 30km solo. Rápido sigo con la mirada a un mendas que me pasa corriendo a una velocidad de vértigo. Se para a unos 50m delante de mí, y continua la marcha con un grupo de unas 8 ó 10 personas. Ellos serán mi objetivo. Les doy alcance nada más dejar la carretera y coger el PR-C. El descenso hacía La Febró es apacible, divertido y pasado por agua. La compañía es agradable, todo y descubrir que son un grupo de participa en la Copa Catalana. Pienso que quizás no es un buen grupo pues preveo un ritmo demasiado alto. Detrás, nadie. De perdidos, al río. Hasta La Febró, con ellos. Buen ritmo. Y llegó el camí de Els Avencs y la subida al coll de l'Agustenc, donde mi cuerpo me dice que se acabó. Por fortuna, el final de la subida llega a los pocos minutos. Por llano, vuelvo a reengancharme al grupo. Es entonces cuando conozco al que a la postre sería mi compañero de caminata hasta llegar a Reus. Josep, 65 años recíen cumpliditos el día antes. Él sí es un buen acompañante. Llevamos el mismo ritmo, y más importante aún, nos damos conversación. Eso nos distrayendo. El momento más esperado por mí tiene lugar. Nunca había hecho el descenso por les Tosques. Había oído hablar mucho de él y me moría de ganas. A lo largo del día, la gente iba diciendo que iba a ser especialmente duro por el agua. Doy fé que lo fue, aunque también puedo asegurar que disfruté como hacía tiempo. Y creo que muchos de los que íbamos en fila índia también. Notaba que mi corazón iba a mil, en parte por el esfuerzo hasta entonces acumulado. En parte, por qué era una fita en esta caminata. Llegar a Vilaplana y darme cuenta que no iba a abandonar como tenía en mente a primeras horas de la mañana, fue todo uno. Estaba convencido que lo más duro había pasado y que qué eran 15km más hasta las piscinas de Reus. Pues fueron unas 2h más. Recuerdo la llegada a la Boca de la Mina como algo desquiciante. Por unas obras, debíamos dar un rodeo de unos 200m para salvar una distancia que en circunstancias normales hubiesen sido escasos 10metros. Después de 53km, 200m de más e inesperados, me sentaron muy mal. Todo y con eso, llegar a Països Catalans bajo el puente que da acceso al barrío Gaudí, me dio una sensación de que estaba haciendo algo grande. Cierto es que el cuerpo se movía por inercia. Nuestro tiempo final al llegar a las piscinas fue de 11.56h. Diploma, medalla y cerveza. Aunque nada comparado con el recibimiento siempre especial de Laia. Sé que el año que viene debo acabar en mucho menos tiempo. Por orgullo, por gusto, por ganas. Y sobretodo, por que el año que viene, habrá una personita más esperandome.